Sivan Rahav Meir
Hace aproximadamente dos años y medio, Sasha Trufanov y Sapir Cohen fueron secuestrados y llevados a Gaza. Ayer se casaron y comenzaron a formar un hogar en Israel. Vale la pena volver a leer esta frase.
Cada palabra pronunciada bajo la jupá -el palio nupcial judío- adquirió de repente un significado aún más profundo:
“He aquí que quedas consagrada para mí con este anillo, conforme a la ley de Moisés e Israel”, dijo Sasha al colocar el anillo en el dedo de Sapir.
En entrevistas que concedió después de ser liberado, contó: “Cuando fui secuestrado, no me importaba mi identidad judía. La primera vez en mi vida que me puse los Tefilín, las filacterias, fue después de salir del cautiverio. No sabía que existía Di’s. Es increíble. Fui secuestrado por ser judío, y ni siquiera sabía lo que eso significaba. Hoy lo sé”.
Luego rompió la copa.
El rabino Berel Lazar, gran rabino de Rusia, quien ha acompañado a la pareja y también ofició la ceremonia, colocó la copa en el suelo y recordó la operación que Sasha tuvo que someterse en la pierna después de haber sido herido durante su cautiverio. Ahora, allí estaba él, de pie sobre sus dos piernas, sano, fuerte y sonriendo, mientras proclamaba:
“Si me olvidare de ti, Jerusalem, que mi mano derecha pierda su destreza. Que mi lengua se pegue a mi paladar si no me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusalem por encima de mi mayor alegría”.
Muchos rompieron en llanto en ese momento.
Porque Sasha y Sapir fueron secuestrados en Nir Oz, pero la historia es Jerusalem. Ambos lo saben.
Sapir me contó en una entrevista anterior que sus secuestradores hablaban con ella sobre el judaísmo, los Diez Mandamientos, Jerusalem y la Torá. Cuanto más demostraba saber, más los intimidaba. “Ana Yahud”- “Soy judía”, les decía. Uno de los terroristas le dijo que no la soportaba porque siempre se preocupaba por los demás, ayudaba a quienes estaban a su alrededor e irradiaba “luz en medio de la oscuridad de Gaza”. En esto tenía razón.
Ayer, bajo la jupá, se recitaron las Siete Bendiciones. Estaban presentes Yelena Trufanov, la madre de Sasha, y su abuela Irina. Ambas también fueron secuestradas y llevadas a Gaza, y lograron regresar. Desde entonces, se han convertido en símbolos de fe, esperanza e identidad, especialmente entre los judíos de habla rusa.
Quien faltó de manera especialmente dolorosa fue Vitali, de bendita memoria, el padre de Sasha, asesinado el 7 de octubre.
Y una vez más, las antiguas palabras transmitieron un significado inmenso, con la esperanza de que sean estas palabras las que acompañen desde ahora al nuevo hogar y a todo el pueblo de Israel:
“Bendito seas Tu…. que creó el gozo y la alegría, al novio y a la novia, el júbilo, el canto, el regocijo, la felicidad, el amor y la fraternidad”.
Amén.
Mazal tov. ¡Felicidades!
















