Sivan Rahav Meir
27 de noviembre de 2020
No siempre la vida del hombre se desarrolla como lo planeado. La pérdida del trabajo, separación, crisis económica y demás dificultades inesperadas pueden sacarnos de la zona de confort que nos es conocida hacia un futuro desconocido. En cierto sentido esto nos ha pasado a todos en el último año, el año del corona.
Esto igualmente ocurre en la porción de la Torá de esta semana, parashat Vaietze: Iaacov es un hombre íntegro, “quien permanecía en las tiendas”. De repente se le aconseja abandonar su hogar, su hermano lo persigue y él huye a Jaran. Podríamos pensar que Iaacov se sentiría asustado y con falta de seguridad. Pero nuestros comentaristas explican que un pequeño detalle en la historia lo cambia todo. Antes de que Iaacov empiece su camino, Itzjak, su padre, lo llama, lo bendice y le confía una misión: Ha llegado tu tiempo de continuar la descendencia y construir la nación de Israel. Sal hacia Jaran, encuentra una esposa y levanta una familia.
Iaakov pasa de ser alguien que huye para salvar su vida a un hombre quien construye su futuro y el futuro de toda la nación.
El ya no “huye de…” sino que el “va hacia…”. Hay un gran significado en sus acciones. Dotado de esta consciencia, Iaacov salió en su camino lleno de determinación y responsabilidad.
La vida nos lleva a menudo a salir de nuestra zona de confort. Si buscamos nuestra misión en tiempos turbulentos nos es posible encontrar en cada crisis la oportunidad de renovación y crecimiento.
















