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Bienvenido Pollard

Bienvenido Pollard

Sivan Rahav Meir 

31 de diciembre de 2020

Si hay que pararse en la mañana entonces que sea para recibir noticias como éstas: A las 5 de la mañana empezaron a publicarse fotos y videos de Yonathan Polard al momento de su llegada a Israel. ¿Qué había de tan emocionante y especial en este momento? 

Pollardd bajó del avión, con todo respeto le hizo una señal al Primer Ministro de que esperara un momento y besó la tierra de Israel. Más allá de la historia política y nacional, más allá de los intereses de Netanyahu y Trump, ésta es la historia del judío que regresa a casa. 

Un momento, ¿regresa a casa? De hecho, él es americano de nacimiento y ésta es realmente la historia. Elie Wiesel dijo en cierta ocasión que un judío no tiene que estar en la Tierra de Israel para llamarla su hogar.  

Rashi escribe en la Porción de la Semana, “Parashat Vaieji” sobre Rajel nuestra Matriarca, quien sigue a la espera, hasta el día de hoy, de cada uno de sus hijos, de los millones de Pollard que aún están esparcidos en el mundo hasta que se cumpla la promesa: “Y regresaron los hijos a sus fronteras”. 

Pollard hizo algo más en sus primeros segundos en Israel, antes de besar el piso: Se quitó la mascarilla. Después de 35 años de anhelos y esperanzas él llega aquí en medio de una epidemia mortal. ¿Quién hubiera creído que así sería su llegada aquí, sin que alguien pudiera darle un fuerte abrazo? En vez de que pudiera ir directamente a participar junto con miles de personas en las oraciones en el Muro de los Lamentos, él se dirigió directamente al aislamiento. Quizás es mejor que fue así, por lo menos en lo que concierne a nuestras relaciones con los americanos. 

Podemos enfocarnos en la pregunta del por qué él espió (la culpabilidad aquí no es en contra de él, al momento en que Israel firmó con él un acuerdo, Israel tiene cierta responsabilidad para con él) y podemos hablar del daño en las relaciones con nuestro amigo cercano (es razonable de suponer que no habrán otros Pollard).  

Conclusión, un hombre que se volvió un símbolo por el cual rezaron por su liberación durante 35 años (muchachos y muchachas, en especial del movimiento sionista religioso, dedicaron parte de sus años rezando por el -por Yonathan ben Malka-), un hombre que sacrificó y pagó un precio alto; que no pudo tener hijos y formar familia, salió ahora a la libertad. 

Y finalmente escuchamos las palabras de parte del mismo Pollard: “Este es un país maravilloso”, dijo el hombre sin quejarse de haber sido abandonado fuera de nuestra embajada, que fue olvidado. “Nosotros esperamos ser ciudadanos productivos” dijo el recordándonos que éste nos es el fin del caso Pollard, como nos lo proclamaron varios de los titulares, sino que es un nuevo comienzo. Pollard está por fin empezando a vivir la vida que siempre quiso vivir. “Es un país con un increíble futuro, es el futuro del Pueblo Judío”, continuó diciendo.  

Estamos acostumbrados a escuchar discursos políticos importantes a las 8 de la noche, a veces inclusive dos discursos a la vez, pero el discurso más importante de esta época fue dado a las 5 de la mañana desde el aeropuerto Ben Gurión. Un discurso sencillo que nos recuerda, en estos tiempos de disputas políticas feas, que tenemos una historia compartida.

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