Sivan Rahav Meir
He aquí una historia antigua que es muy relevante hoy en día:
Los sollozos ahogaban la garganta del judío. Se sentó frente al Rabino Ovadia Somekh, líder de los judíos iraquíes hace unos 150 años, y casi no podía hablar. Comenzó a contarle al rabino todos sus pecados y malas acciones, pero empezó a llorar y no pudo continuar. “No tengo esperanzas”, dijo y sus hombros temblaron, “tengo tantas dificultades y problemas que estoy perdido”.
El rabino Somekh permaneció en silencio, lo miró con cariño, y cuando el hombre guardó silencio, el rabino dijo sólo una cosa: “¿Y…?”.
El hombre no entendió lo que el rabino quería decir. Miró al rabino en busca de una pista y luego dijo: “No entendí…eso es todo”.
El rabino sonrió y dijo: “¿Y…?”.
El hombre todavía no entendía lo que quería el rabino. Después de todo, le había contado todas sus dificultades y problemas hasta el final, no había continuación. Allí terminaba la historia.
El rabino Somekh explicó: “¿Cuándo termina una historia? Cuando decides terminarla. Puedes hablar de un pecado, pero puedes continuar contando cómo lo corregiste. Siempre puedes agregar un nuevo final a la trama. El secreto es no detenerse en la desesperación, pero añadir siempre la “y” de la conexión, la letra “y” que abre una nueva frase, un nuevo horizonte, un nuevo futuro. ¿Y…?”.
El rabino Somekh le insinuó al hombre que incluso si sentimos que ahora sólo tenemos problemas en la vida, no siempre estos son definitivos. Incluso cuando se trata de nuestra difícil situación personal, e incluso cuando parece que todo está perdido a nivel nacional, siempre es posible intentar agregar la “y” y continuar la historia en una mejor dirección.
















