Sivan Rahav Meir
“No estoy preocupado”, me dijo en los últimos días el abogado Phil Rosen, miembro de la junta directiva de Yeshiva University, quien además fue elegido recientemente como jefe del departamento estadounidense del Congreso Judío Mundial. Conoce muy bien a Israel, conoce muy bien a Estados Unidos, y precisamente por eso se llena de optimismo respecto a nosotros:
“No estoy preocupado, porque Israel tiene a la mejor juventud del mundo. Al fin y al cabo, hay que mirar a la generación joven para ver el futuro. Entonces, miremos los modelos de la juventud occidental: Greta Thunberg, por ejemplo. Una joven con un sistema de valores confuso que se convirtió en un símbolo sin entender nada, ni del clima ni del terrorismo. Simpatizante de Hamás, con argumentos vergonzosos. ¿Éste es un símbolo digno? Mira a los estudiantes en los campus universitarios que se manifestaron a favor de Hamás. Jóvenes perdidos, desconectados, que no saben distinguir entre derecha e izquierda. Gritan ‘apartheid’ e ‘intifada’ sin saber siquiera qué significan. Sin una educación básica de lo que está bien y lo que está mal.
En contraste con ellos, mira a nuestra generación joven. En primer lugar: claridad moral. Qué raro es esto hoy en la era progresista. Pero entre los jóvenes israelíes, y entre los judíos en general, también hay fortaleza, espíritu, conexión con las raíces, unidad, creatividad y, sobre todo, alegría. Es una generación alegre. Escucho las listas de reproducción en Israel, veo a los jóvenes, las plegarias de Selijot en el Muro Occidental, la manera de afrontar la crisis, y esto me llena de esperanza”.
La semana pasada vi cuánta razón él tenía al decirme todo esto. Domingo por la noche, en el teatro United Palace, en la avenida Broadway de Manhattan, Nueva York. Ishay Ribo se presentó allí dos veces, cada noche frente a tres mil jóvenes. En la era de la inteligencia artificial y de las palabras artificiales, ellos quieren bailar durante horas con las palabras antiguas-nuevas de Ishay. Tuve el privilegio de hablar allí desde el escenario, de entrevistar a Ribo ante el público y de conversar con estos jóvenes. Hablan sobre aliá -sobre emigrar a Israel- con ojos brillantes, hablan sobre un despertar judío en los campus universitarios, sobre una identidad judía que ahora se revela en todas partes.
La gran estrella fue Matán Angrest. ¿Qué tiene que ver Greta con él? Ribo le preguntó qué canción quería que le dedicara. Aquí va un recordatorio: Angrest era conductor de un tanque y fue secuestrado de su tanque en Nahal Oz el 7 de octubre. Sus tres compañeros de tanque fueron asesinados. Él sufrió un linchamiento mientras estaba inconsciente y fue llevado secuestrado a Gaza. Allí pasó dos años consecutivos de interrogatorios, abusos y aislamiento. Les pidió a sus captores Tefilín, un Sidur (un libro de oraciones) y una Biblia. Los secuestradores accedieron a su petición, y allí Matán se conectó profundamente con su identidad.
Y he aquí que este héroe está esta semana en el escenario con Ribo, frente a miles de jóvenes estadounidenses. ¿Y qué canción quiere cantar? “Tojó ratzuf ahava”, pidió Matán, de entre todas las canciones de Ribo. Es una canción sobre el amor a Di’s y sobre el amor de Di’s hacia nosotros. Increíble: eso es lo que Matan siente. Ribo comenzó a cantar, y Matán se unió a él entre los aplausos del público.
Muchas obras y espectáculos se han presentado en Broadway a lo largo de los años. Una función así, de verdad auténtica, nunca había ocurrido allí. Miré alrededor a la juventud, tal como pidió Phil Rosen, y vi luz y santidad.
















