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La porción diaria: ¿Cuál es la novedad?

La porción diaria: ¿Cuál es la novedad?

Sivan Rahav Meir

Desde que Di’s le encomendó a nuestro patriarca Abraham la misión de establecer una nación que traería luz y bendición a la humanidad, sólo uno de los hijos de la siguiente generación continuó el camino.

A Abraham Abinu le nacieron dos hijos, Itzjak e Ishmael, pero sólo Itzjak fue adecuado para ser uno de los Patriarcas de la nación. A Itzjak le nacieron dos hijos, Yaacob y Esav, y nuevamente: uno era justo y el otro malvado. Yaacob heredó la primogenitura y Esav no.

¿Y qué pasa con los hijos de Yaacov? La tensión entre Yosef y sus hermanos giraba en torno a este tema. ¿Quién sería el hijo elegido para seguir a Yaacov y convertirse en Patriarca de la nación? ¿Quién sería el líder y guiaría, y quién quedaría al margen? ¿Quién era digno de ser parte del pueblo de Israel y quién no?

La Parashá que cierra el libro de Bereshit, el libro de Génesis, nos revela algo revolucionario: que todos continúan. Nadie abandona el judaísmo ni los valores de nuestro patriarca Yaacov. Nadie es arrojado a un pozo por sus hermanos y nadie se asimila en Egipto. Los doce hijos estaban parados todos juntos, alrededor del lecho de nuestro patriarca Yaacov. Nadie abandonará el camino de la casa del padre. Todos dicen el “Shemá Israel” alrededor de su lecho, cuando él cierra los ojos. Cada uno con su función, cada uno con su misión: diferentes, diversos pero creyentes, juntos.

No es bajar los brazos. Es darse las manos.

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