Cuando las personas sonríen cortésmente, muestran una mueca de reconocimiento o aprietan los labios en señal de desaprobación, el movimiento es pequeño, pero el mensaje puede ser enorme.
Imagínese que está en un tribunal observando a un jurado que observa atentamente el testimonio de un testigo. ¿Podría predecir la opinión del jurado con solo observar sus expresiones faciales?
O supongamos que estás hablando con alguien que de repente deja de sonreír. Junta las cejas, entrecierra ligeramente los ojos y aprieta los labios. Incluso si dice “Está bien”, puedes inferir razonablemente que se siente molesto, preocupado o incómodo, ya que esa combinación de gestos faciales suele asociarse con emociones negativas como tristeza, preocupación, ira, frustración, sorpresa o conmoción.
Así, cuando sabes lo que siente una persona a partir de sus gestos faciales, estás interpretando estos movimientos sutiles y relacionándolos con patrones emocionales que tu cerebro ha aprendido con el tiempo. Los gestos faciales se encuentran entre las formas de comunicación más poderosas en las sociedades de primates, transmitiendo emoción, intención y significado social en fracciones de segundo.
Un estudio publicado en la prestigiosa revista Science ha descubierto cómo el cerebro prepara y produce estos gestos a través de una jerarquía de “códigos” neuronales organizada temporalmente, incluyendo señales que aparecen mucho antes de que comience el movimiento.
Expresiones faciales y ondas cerebrales
El estudio, titulado “Los gestos faciales se realizan a través de una jerarquía cortical de códigos dinámicos y estables”, fue dirigido por el profesor Yifat Prut, del Departamento de Neurobiología Médica de la Universidad Hebrea de Jerusalén (HUJI), y el profesor Winrich Freiwald, la Dra. Geena Ianni y la Dra. Yuriria Vázquez, de la Universidad Rockefeller.
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Cada vez que mostramos gestos faciales, parece que no requiere esfuerzo, pero el cerebro coordina silenciosamente una acción compleja. El nuevo estudio demuestra que los gestos faciales no están controlados por dos “sistemas” separados -uno para las expresiones deliberadas y otro para las emocionales-, como los científicos suponían desde hace tiempo. En cambio, múltiples regiones cerebrales que controlan el rostro trabajan juntas, utilizando diferentes tipos de señales.
Algunas señales cerebrales relacionadas con el rostro son rápidas y cambiantes, como una coreografía en tiempo real, mientras que otras son más estables y varían a lo largo del tiempo. Sorprendentemente, estos patrones cerebrales aparecen incluso antes de que el rostro se mueva; el cerebro empieza a preparar un gesto con antelación, moldeándolo no solo como un movimiento, sino como un mensaje socialmente significativo.
Esto es importante porque las expresiones faciales son una de nuestras herramientas de comunicación más poderosas, y comprender cómo las construye el cerebro ayuda a explicar qué puede fallar después de una lesión cerebral o en condiciones que afectan la comunicación social. Esto podría eventualmente guiar nuevas formas de restaurar o interpretar la comunicación facial cuando se pierde, sugirió Prut en una entrevista con The Jerusalem Post. Pasó un año sabático trabajando con los científicos de Rockefeller.
Durante décadas, la neurociencia se ha basado en una clara división: las áreas corticales laterales del lóbulo frontal controlan los movimientos faciales deliberados y voluntarios, mientras que las áreas mediales rigen las expresiones emocionales. Esta perspectiva se forjó en parte a partir de la evidencia clínica obtenida en personas con tumores cerebrales. La investigación se ha centrado en evaluar la asociación entre las expresiones faciales y las preferencias en un contexto no social, pero los investigadores afirmaron que es importante prestar atención a las facetas sociales de este proceso, ya que la formación de preferencias suele ser social.
Las expresiones faciales son una señal comunicativa que puede ayudarnos a interpretar lo que les gusta a los demás de forma continua y no verbal.
Pero al medir directamente la actividad neuronal en ambas regiones corticales, los investigadores descubrieron algo sorprendente: ambas regiones codifican gestos voluntarios y emocionales, y lo hacen de forma distinguible mucho antes de que se produzca cualquier movimiento facial visible. La literatura previa sugiere que las expresiones faciales indican el estado emocional interno y transmiten mensajes emocionales dirigidos a los demás.
Prut afirmó que, en el futuro, el equipo espera estudiar las interacciones entre diversas partes del cerebro y su contribución a la producción de movimientos faciales apropiados y contextualizados. Una mejor comprensión de los mecanismos cerebrales que subyacen a los gestos faciales podría ayudar a diagnosticar problemas físicos y psicológicos, como la enfermedad de Parkinson y la depresión.
“Comprender cómo los códigos corticales generan una comunicación naturalista puede dar información para las interfaces cerebro-computadora diseñadas para restaurar estas funciones en los pacientes.
El movimiento es un componente esencial de nuestra vida diaria. Todo tipo de movimientos, como la locomoción, alcanzar objetos, comunicarse verbalmente o incluso realizar gestos faciales sutiles, requieren la coordinación de un gran número de músculos. El sistema nervioso es capaz de realizar estas tareas de forma rápida, precisa y adaptable, afirmó el profesor de neurobiología.
“Pero al medir directamente la actividad de neuronas individuales en regiones corticales extendidas, los investigadores encontraron algo sorprendente: ambas regiones codifican gestos voluntarios y emocionales, y lo hacen de maneras que son distinguibles mucho antes de que ocurra cualquier movimiento facial visible”, dijo Prut, quien recibió su doctorado de HUJI y completó una beca postdoctoral en la Universidad de Washington en Seattle.
Los gestos faciales no son solo movimientos físicos; son acciones sociales, y el cerebro los interpreta como tales. Este descubrimiento ofrece un nuevo marco para comprender cómo se coordinan dichos gestos en tiempo real, cómo se estructura en el cerebro el control motor relacionado con la comunicación y qué puede fallar en trastornos donde la señalización facial se ve alterada, ya sea por lesiones neurológicas o afecciones que afectan la comunicación social.
Al demostrar que múltiples regiones del cerebro trabajan en paralelo y cada una de ellas aporta diferentes códigos basados en el tiempo, el estudio abre nuevos caminos para explorar cómo el cerebro produce un comportamiento socialmente significativo.
(JPost)
















