Un nuevo estudio sugiere que los bebés son capaces de distinguir entre los diferentes objetos que ven a su alrededor a los 2 meses de edad, lo que es antes de lo que los científicos creían anteriormente.
Los hallazgos, publicados el lunes en Nature Neuroscience, pueden ayudar a los médicos e investigadores a comprender mejor el desarrollo cognitivo en la infancia.
“Realmente nos dice que los bebés interactúan con el mundo de una manera mucho más compleja de lo que imaginamos”, afirmó la autora principal, Cliona O’Doherty. “Al observar a un bebé de dos meses, quizá no pensaríamos que comprenda el mundo a ese nivel”.
El estudio analizó datos de 130 bebés de dos meses que se sometieron a escáneres cerebrales mientras estaban despiertos. Los bebés vieron imágenes de una docena de categorías comunes durante el primer año de vida, como árboles y animales. Cuando los bebés miraban una imagen como la de un gato, sus cerebros podían “activarse” de una manera específica que los investigadores podían registrar, explicó O’Doherty. Si miraban un objeto inanimado, sus cerebros se activaban de forma diferente.
La técnica, conocida como resonancia magnética funcional o fMRI, permitió a los científicos examinar la función visual con mayor precisión que antes. Muchos estudios previos se basaban en el tiempo que un bebé miraba un objeto, lo cual puede ser difícil de evaluar a edades más tempranas. Algunos estudios previos sugerían que bebés de tan solo 3 o 4 meses podían distinguir entre categorías como animales y muebles.
“Lo que estamos demostrando es que realmente ya tienen la capacidad de agrupar categorías a dos meses”, dijo O’Doherty. “Así que es algo mucho más complejo de lo que pensábamos antes”.
En el nuevo estudio, muchos bebés regresaron a los 9 meses, y los investigadores recopilaron datos de 66 de ellos. En los bebés de 9 meses, el cerebro pudo distinguir entre seres vivos y objetos inanimados con mucha mayor precisión que en los de 2 meses, afirmó O’Doherty.
Algún día, dijeron los investigadores, los científicos podrían ser capaces de conectar dichas imágenes cerebrales con resultados cognitivos más adelante en la vida.
Liuba Papeo, neurocientífica del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, afirmó que la cantidad de bebés en el estudio es uno de los factores que hacen que el trabajo sea “impresionante y único”. La obtención de imágenes cerebrales con bebés muy pequeños presenta desafíos.
“Una de ellas —quizás la más obvia— es que el bebé necesita estar (acostado) cómodamente en el escáner fMRI mientras está despierto y sin moverse”, dijo en un correo electrónico.
O’Doherty, quien realizó el trabajo en el Trinity College de Dublín, Irlanda, explicó que la clave fue hacer que la experiencia fuera lo más cómoda posible para los bebés. Dentro del escáner, se reclinaron en un puf para estar cómodos.
Las imágenes “aparecen muy grandes sobre ellos mientras están acostados”, dijo. “Es como un IMAX para bebés”.
(AP)
















