Sivan Rahav Meir
Seis palabras de la porción semanal de la Torá-Parashat Shelaj, que se leerá esta semana en Israel, nos revelan un gran secreto: diez de los doce espías enviados a la Tierra de Israel regresan desanimados al pueblo, que los espera en el desierto. Según ellos, no tiene sentido continuar el viaje hacia Israel. Mientras describen su encuentro con los habitantes de la tierra, dicen: “Y nos veíamos a nosotros mismos como saltamontes, y así también éramos a sus ojos”.
Es decir: nos vimos a nosotros mismos como saltamontes, y por eso también, los habitantes del lugar nos vieron así. Nos faltaba confianza en nosotros mismos; pensábamos que éramos pequeños, débiles y sin posibilidades, y por eso las personas que encontramos en la tierra también nos percibieron de esta manera.
La imagen que tenemos de nosotros mismos es la base de todo. Ella se proyecta hacia afuera. Si nos percibimos como personas valiosas y con propósito, si salimos al mundo con optimismo, visión y fe, así también nos mirarán los demás.
Esto es válido en la relación con nuestros hijos, en el lugar de trabajo, en la sociedad y también a nivel nacional, como pueblo y como Estado.
Vale la pena preguntarse: ¿en qué situaciones nos vemos a nosotros mismos como saltamontes? ¿Es posible vernos de otra manera y lograr que el mundo también nos mire de una forma mejor?















