Hace siete años, el 30 de junio de 2019, Klal Yisrael perdió a uno de sus mejanjim -educadores- más talentosos y queridos de nuestra generación, el rabino Dovid Trenk zt”l.
Hoy, su ausencia todavía se siente profundamente, pero su estrella sigue brillando con más fuerza.
Para el mundo, Rav Dovid fue un maestro legendario. Para los miles de alumnos cuyas vidas tocó, fue mucho más que un Rebe. Fue un mentor, defensor, confidente y un defensor inquebrantable que creyó en ellos mucho antes de que ellos mismos creyeran en sí mismos.
El rabino Dovid se adelantó décadas a su tiempo. Mucho antes de que los educadores hablaran de enseñanza diferenciada, educación individualizada o de adaptarse a las necesidades de cada niño, el rabino Dovid vivía esos principios a diario. Comprendía instintivamente que cada niño es único, posee un gran potencial y merece ser amado, valorado y tener la oportunidad de triunfar.
Él no veía etiquetas. No veía deficiencias. No veía limitaciones. Veía potencial.
Donde otros veían obstáculos, él veía oportunidades. Donde otros veían alumnos difíciles, él veía futuros líderes. Cuando otros estaban dispuestos a rendirse, el rabino Dovid respondía con aún más paciencia y fe.
Su aula no se limitaba a cuatro paredes. Ya fuera en la Yeshivá Mirrer, el Campamento Munk, la Yeshivá Adelphia, Moreshes Yehoshua, Pirjei o en innumerables otros lugares, el rabino Dovid transformó vidas. Sus herramientas no eran sólo Guemarot y libros sagrados, sino también una sonrisa, una canción, un partido de baloncesto, un choque de manos, un salto y un grito, un cálido abrazo, siempre con una palabra de aliento en el momento justo.
Muchos recuerdan el canto, el baile, la energía desbordante y su personalidad arrolladora. Lo que a veces se les escapaba era la genialidad que había detrás de todo aquello.
“Gueshmak to be a Yid” era la esencia misma de nuestro Rebe.
Enseñó a generaciones de discípulos que el judaísmo no era simplemente algo que observar, sino algo que amar, celebrar y atesorar. Rav Dovid comprendió una profunda verdad: antes de poder enseñar la Torá a un niño, primero hay que amarlo.
Hace años escribí que no todos los superhéroes usan capa. Hoy lo creo incluso más que entonces.
Algunos superhéroes dedican su vida a ayudar a los demás a superarse. Otros pasan décadas viendo potencial donde nadie más lo ve. Algunos transforman decenas de miles de vidas simplemente amando a las personas incondicionalmente y creyendo en ellas. Rav Dovid hizo las tres cosas.
Él inspiraba a la gente. Veía grandeza donde otros veían obstáculos. Cambió el rumbo de incontables vidas gracias a su amor incondicional, su aliento y su fe en cada judío.
Siete años después de su fallecimiento, sus discípulos siguen siendo su mayor legado. Están formando familias, enseñando a estudiantes, liderando comunidades, creando organizaciones y ayudando a los demás porque un rabino alguna vez creyó en ellos.
En muchos sentidos, aún se puede reconocer a un discípulo del rabino Dovid Trenk. Es aquel que ve potencial donde otros ven problemas. La persona que se niega a abandonar a otro judío. Ese amigo especial que comprende que una palabra de aliento puede cambiar una vida.
En un mundo que con demasiada frecuencia se apresura a juzgar, criticar y descartar, la doctrina Trenk de “simplemente ámalos” puede ser hoy más importante que nunca. Él enseñó a una generación a mirar más allá de lo evidente, a juzgar menos, a amar más y a nunca abandonar a otra persona.
Ese fue el rabino Dovid Trenk, de bendita memoria.
Siete años después, estamos más orgullosos que nunca de ser sus discípulos.
Te echamos de menos, Rebe.
יהי זכרו ברוך.
Chaskel Bennett
Chaskelbennett@gmail.com
















