Cuando miramos el rostro de otra persona, nuestro cerebro realiza un proceso increíblemente complejo en una fracción de segundo. Identifica los ojos, la boca, la nariz, la estructura facial y la expresión, interpretando simultáneamente emociones como la felicidad, la tristeza, la ira o la sorpresa. Luego, respondemos casi automáticamente. Para la mayoría de las personas, este proceso ocurre sin esfuerzo. Sin embargo, la investigación en neurociencia sugiere que los niños con autismo pueden procesar los rostros de manera diferente.
Científicos que utilizan tecnologías avanzadas de imágenes cerebrales y seguimiento ocular han descubierto que los niños con autismo suelen fijarse en partes diferentes del rostro que los niños que no están dentro del espectro autista. “Mientras que muchas personas se centran de forma natural en la zona de los ojos, algunos niños dentro del espectro autista dedican más tiempo a mirar la boca, el contorno del rostro o pequeños detalles como una mancha en la frente”, explicó uno de los investigadores de la Universidad de Yale en un estudio publicado en la revista Nature.
Investigadores de la Facultad de Medicina de Yale, liderados por el profesor James McPartland, descubrieron que los niños autistas mostraban patrones menos definidos de actividad eléctrica cerebral al observar rostros, en comparación con los niños sin autismo. También observaron que, si bien el procesamiento facial se vuelve más especializado y refinado con la edad en niños con desarrollo típico, este patrón de desarrollo no se manifestaba en la misma medida en niños con autismo.
Los investigadores utilizaron un sistema de EEG de 128 canales para analizar las respuestas cerebrales a rostros humanos en comparación con objetos. Sin embargo, enfatizan que el autismo abarca un espectro extremadamente amplio. “No todos los niños con autismo procesan la información de la misma manera, y no todos tienen dificultades para reconocer expresiones faciales o establecer contacto visual. En algunos niños, estas diferencias son muy pronunciadas, mientras que en otros son mínimas. Estos hallazgos no describen a todas las personas con autismo, sino que identifican patrones observados en los participantes del estudio”.
¿Evitar el contacto visual es un problema?
Los ojos se consideran una de las fuentes de información más importantes para comprender las emociones e intenciones de otra persona. A través del contacto visual, captamos señales sutiles como interés, sorpresa, miedo, alegría o vergüenza. Sin embargo, para algunos niños con autismo, el contacto visual prolongado puede resultar abrumador desde una perspectiva sensorial o requerir un mayor esfuerzo cognitivo. Cuando su atención se desvía hacia otras áreas del rostro, pueden pasar por alto algunas de estas señales sociales o procesarlas más lentamente.
Una de las conclusiones más importantes del estudio es que la dificultad para establecer contacto visual no debe interpretarse como una señal de desinterés por las personas que lo rodean. Evitar el contacto visual directo no indica necesariamente una falta de interés social. En cambio, puede reflejar una forma diferente en que el cerebro procesa la información social.
Las nuevas tecnologías están ampliando nuestra comprensión del autismo.
En los últimos años, tecnologías como las imágenes cerebrales, el seguimiento ocular y la inteligencia artificial se han convertido en herramientas esenciales para la investigación del autismo. Estos avances permiten a los científicos detectar patrones sutiles que antes eran imposibles de observar y ofrecen una comprensión más profunda de cómo el cerebro procesa la información visual, emocional y social.
Estos hallazgos podrían ayudar a los investigadores a desarrollar nuevos métodos para un diagnóstico más temprano y programas de intervención más personalizados. A medida que los científicos comprendan mejor cómo los niños perciben y procesan el mundo que los rodea, podrán diseñar enfoques educativos, terapias y estrategias de comunicación que se adapten mejor a las necesidades únicas de cada niño.
Según los investigadores, el objetivo no es lograr que los niños con autismo perciban el mundo exactamente igual que los demás, sino comprender cómo lo experimentan y proporcionarles herramientas que faciliten la comunicación cotidiana.
(Hidabroot)
















