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¿Escucharon el discurso de Elkana Levy?

¿Escucharon el discurso de Elkana Levy?

Sivan Rahav Meir

Hace unos días se llevó a cabo la fiesta de agradecimiento del oficial Elkana Levy, soldado de la brigada Golani, quien resultó herido hace un año en Jan Yunis y perdió ambas piernas. Quizás lo recuerden como “Elkana, hijo de Orit”, por las tantas oraciones que se hicieron por su recuperación.

Recientemente también se difundió un video viral de él durante la fiesta, junto al cantante Ravid Plotnik, quien había llegado para cantarle. Ya nos hemos acostumbrado a estos momentos fugaces: breves, virales, emocionantes, pero que pasan rápidamente. Sin embargo, uno de los participantes de esta fiesta de agradecimiento me pidió que consiguiera el discurso completo de Elkana. 40 minutos. He aquí algunos de sus puntos principales:

“Hoy, exactamente hace un año, exploté. Hoy, exactamente hace un año, no sabía cuánto bien existe en este mundo”, así declaró Elkana, mientras permanecía de pie sobre sus dos prótesis. Y entonces comenzó a enumerar todo lo bueno.

“Nunca tendré suficientes palabras para agradecer la maravillosa atención que recibí en el Hospital Soroka, desde el primero de los médicos hasta el último de los auxiliares. Estuve con ustedes sintiéndome como si estuviera en un campamento de verano, con el mejor equipo del mundo. Cada persona allí y cada experiencia, las recuerdo con cariño.

En Soroka abrí los ojos, y lo primero que vi fue un dibujo que me habían enviado desde un jardín de infantes. Y desde ese momento, he estado rodeado de abrazos. No tengo piernas, pero me cuesta explicarles cuánto se ha expandido mi corazón. 

Mi felicidad no depende de la cantidad de pasos que doy”.

El público aplaudió, como lo haría decenas de veces a lo largo del discurso. Para todos estaba claro que se trataba de un momento de sanación y de cerrar un ciclo.

“Ya desde la unidad de cuidados intensivos soñaba con esta fiesta de agradecimiento. Gracias por haber venido”, dijo.

No ocultó las dificultades ni el dolor. Habló de amigos que cayeron en combate, de momentos oscuros.

“Siento que la gente no me entiende, y siento que las personas no comprenden que no me entienden. ¿Cómo se puede entender lo que significa que se te acabe la batería en las piernas o en la silla de ruedas? ¿Cómo se puede entender que caminas de una manera tan fea y luego intentas sentarte sin saber si podrás volver a levantarte?

¿Y cómo se puede entender que caminas por la calle y sientes como si fueras una celebridad, como si fueras de todos? ¿Cómo se puede entender que eres el centro del salón incluso antes de pronunciar una sola palabra?”

A lo largo de su discurso citó a tres maestros espirituales.

En primer lugar, al profeta Isaías, quien profetizó palabras de consuelo:

“Isaías nos enseña que Di’s piensa, en todos nosotros, pensamientos de paz y esperanza. Que Él nos consolará. Él dice: ‘Y sacaréis agua con alegría de las fuentes de la salvación’”.

“Siento una enorme bondad, una salvación, y que muchas otras salvaciones todavía nos esperan”.

También citó a Rabí Najmán de Breslav, quien escribió muchas veces acerca de la importancia de saber agradecer: reconocer lo bueno, “centrar la atención en lo bueno”, como lo llamó Elkana.

Por eso se detuvo a enumerar cada etapa desde que fue herido hasta este momento, agradeciendo a cada persona que lo acompañó en el camino.

Y hubo también agradecimientos muy especiales:

“Quiero agradecer a quienes no están aquí con nosotros hoy: a mis queridas piernas.

Quiero darles las gracias por 23 años de amor y dedicación. No sabía cuánto habían trabajado durante todo ese tiempo. Desde que fui herido recorro todo el país y cada lugar me resulta conocido. Es gracias a ustedes que me llevaron con amor durante tantos viajes y recorridos.

Y gracias a las partes de ustedes que todavía permanecen en mí, tendré el mérito de seguir caminando delante de Di’s en la tierra de los vivos”.

Y el tercer maestro fue el libro del Tania, el libro fundamental de la jasidut de Jabad.

Elkana citó una profunda definición que aparece allí en arameo, y luego la tradujo al hebreo y la llevó literalmente a su propio cuerpo: “En el Tania hay una frase que lo contiene todo: ‘El dolor grita desde un lado del corazón, y la alegría grita desde el otro lado del corazón’.

Así es exactamente cómo se siente. En cada momento siento que no tengo piernas; lo siento en cada parte de mi cuerpo. Y, por otro lado, estoy tan bien. Éste es uno de los mejores períodos de mi vida.

Ésta es mi receta, y también mi consejo para los demás: saber atravesar el dolor y crecer a partir de él. Sentir realmente la tristeza y sentir realmente la alegría, y lograr convivir con estos dos opuestos”.

Gracias, Elkana.

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