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Shabat Shalom Semanal Parashat Ki Tabó

Shabat Shalom Semanal Parashat Ki Tabó

Rab Itzjak Zweig

Ki Tabó (Debarim 26-29)
¡Buenos días! Ah, agosto, ese mes tan especial que pone fin a las vacaciones y da paso al nuevo año escolar. Es un tiempo de nuevos comienzos y posibilidades emocionantes.

¿Alguna vez te has fijado en la multitud de madres en la parada del autobús despidiendo entre lágrimas a sus preciosos hijos en su primer día de colegio? ¿Pensaste que eran lágrimas de tristeza y añoranza? Para nada. Es la confesión silenciosa e involuntaria del corazón de que acaba de presenciar algo bellamente trascendente: que, por primera vez en dos meses, su hijo será problema de otra persona durante las próximas ocho horas.

Esto me recuerda la siguiente historia: Una madre gritaba repetidamente desde arriba: “¡Levántense, vístanse y prepárense para ir a la escuela!”. Era una rutina habitual y especialmente importante cuando la escuela administraba exámenes estandarizados.

—Me siento mal —dijo la voz desde el dormitorio.

—No estás enferma. Levántate y prepárate —respondió la mujer, subiendo las escaleras y quedándose parada frente a la puerta del dormitorio.

—Odio la escuela y no voy a ir —dijo la voz desde el otro lado de la puerta—. Siempre me equivoco, cometo errores y me regañan. Los profesores me odian y se quejan constantemente de mí. Nadie me quiere, ni siquiera el conserje.

Lo siento, pero tienes que ir a la escuela. Todos cometemos errores, así que intenta no tomarte las críticas tan a pecho. Además, no puedo creer que no le caigas bien a nadie; seguro que tienes muchos amigos en la escuela —continuó—. En fin, tienes que irte, eres la directora.

En todos los años que fui a la escuela, jamás pensé que tal vez el director odiara estar allí tanto como yo. Pero desde que era pequeño hasta la adolescencia, detestaba ir a la escuela. Jamás habría imaginado que algún día iría a la escuela por elección propia, pero aquí estoy, viniendo a trabajar cada día, casi siempre contento de estar aquí.

(Recuerdo cuando acompañé a mi hijo mayor a su primer día de colegio hace unos treinta y tres años. Al entrar, saltaba de alegría, lleno de ilusión. Lo miré y pensé con tristeza: “Pobre niño; no tienes ni idea de que estás a punto de empezar una condena de quince años”).

La esencia del liderazgo radica en asumir la máxima responsabilidad. En ocasiones, podemos ser ese director reacio a levantarse de la cama o un padre que prefiere que alguien más cuide a sus hijos, pero al final del día asumimos la responsabilidad porque es nuestro trabajo. El verdadero liderazgo consiste en tener la perspectiva de que, independientemente de la situación —o de cómo surgió—, debemos abordar y resolver los problemas lo mejor que podamos y para el bienestar de quienes están a nuestro cargo.

Hacia principios del siglo XX, cuando el colonialismo africano comenzaba a declinar y el continente emergía lentamente como un mercado económico potencial, un fabricante británico de calzado envió a dos vendedores a diferentes partes del continente africano para investigar y elaborar un informe sobre el potencial del mercado. Tras unos meses, el presidente de la empresa solicitó un informe de progreso.

El primer vendedor dijo: “Llévenme a casa. Aquí no hay potencial; nadie usa zapatos”. El segundo vendedor dijo: “Envíenme un gran surtido de zapatos de diferentes tipos. Aquí hay un enorme potencial; nadie usa zapatos”.

En esencia, lo que realmente diferenciaba a los dos vendedores era que el primero solo veía la situación tal como era, y por lo tanto se aferraba a ese paradigma sin encontrar salida. El segundo vendedor tenía una visión de lo que la situación podía llegar a ser y estaba dispuesto a asumir la responsabilidad de llevarla a cabo.

La lectura de la Torá de esta semana transmite una sabiduría relevante para esta lección.

“Y Di’s te pondrá a la cabeza, y no a la cola; y estarás solamente arriba, y no estarás debajo […]” (Debarim 28:13).

La porción de la Torá de esta semana trata sobre las maravillosas recompensas por seguir el camino de la Torá y los terribles castigos, Di’s no lo quiera, por desviarse de él. Una de las recompensas por cumplir la Torá y las mitzvot (mandamientos) es la promesa de que Di’s asegurará que la nación judía se convierta en “la cabeza y no la cola”, es decir, líderes y no seguidores.

Uno de los grandes comentaristas bíblicos medievales fue el sabio español conocido como Ramban (acrónimo hebreo de Rabí Moisés hijo de Najmán). Nacido en Girona, Cataluña, alrededor de 1190, fue reconocido como un prodigio desde muy joven. Fue nombrado rabino de Girona en su juventud y, posteriormente, elegido Gran Rabino de Cataluña. Sus comentarios escritos sobre la Torá y el Talmud, así como sus obras de filosofía, son legendarios. Su influencia en los estudios judíos es incalculable. Falleció en la Tierra de Israel alrededor de 1270.

Respecto al versículo citado, Ramban se muestra preocupado por las palabras aparentemente innecesarias “y no la cola”. Dado que al pueblo judío se le promete que, si sigue la Torá y sus mandamientos, se convertirá en la “cabeza”, parecería obvio que no sería la cola. ¿Por qué, entonces, pregunta Ramban, es necesario que el versículo excluya explícitamente ser la cola?

Él responde que a menudo una cabeza también es una cola. ¿Cómo es posible? Consideremos una gran empresa con muchos empleados; obviamente, el director general no puede gestionar a cientos de subordinados. Por lo tanto, se implementa un sistema de gestión con empleados, mandos intermedios y directivos. Los mandos intermedios, por lo tanto, son líderes para algunos y subordinados para otros.

De manera similar, una nación puede ser considerada una potencia mundial, lo que la sitúa a la cabeza de otras naciones; a lo largo de la historia, diversas naciones se ubicaron en la cima: los babilonios, los asirios, los griegos, los romanos, etc. Pero como existen muchas naciones en el mundo, la mayoría se encuentra en un punto intermedio y, por lo tanto, se asemeja a los gerentes intermedios; una “cabeza” para algunas naciones y una “cola” para otras, con naciones clasificadas tanto por encima como por debajo de ellas.

Ramban continúa explicando que en este versículo el Todopoderoso nos promete que si seguimos la Torá estaremos “clasificados” en la cima absoluta, siendo sólo una cabeza y no una cola para ninguna otra nación en el mundo.

Una vez escuché una clase brillante de mi padre sobre el tema del liderazgo, y utilizando la perspectiva de Ramban, comentó que a menudo los líderes también son tanto la cabeza como la cola. ¿Cómo es eso posible?

Un verdadero líder es aquel que tiene una visión clara de sus convicciones y la lleva a cabo. En otras palabras, vislumbra el camino correcto, incluso si es impopular, y guía con valentía a sus seguidores por él. Ése es un verdadero líder: alguien que encabeza a su comunidad.

Lamentablemente, la mayoría de los líderes de nuestra generación son de otro tipo: sólo lo son de nombre, pero en la práctica no. Estos líderes carecen de convicción en su visión; simplemente observan el sentir popular y elaboran su agenda en función de las demandas de sus electores.

Lamentablemente, en esta situación, la cabeza no es más que la cola, pues este tipo de liderazgo no se guía por la visión ni por el bienestar de su gente, sino por la cola: aquellos a quienes se supone que debe liderar. Por desgracia, cuando un líder abandona su visión a los caprichos de sus electores, su agenda siempre se resiente, pues invariablemente termina siguiendo el mínimo común denominador: es decir, “¿En qué podemos estar todos de acuerdo?” (O, lo que sea tendencia en las redes sociales).

De las últimas diez presidencias estadounidenses, solo dos o tres han intentado liderar con una visión clara, sin sucumbir por completo a los deseos más bajos del ingenuo pueblo estadounidense (¡Oye! ¡Probemos con el socialismo!). Así es como hemos llegado a la situación actual: un déficit descontrolado, desastres inminentes en las prestaciones de la Seguridad Social y otras redes de protección social, y un sistema de educación superior que, en lugar de preparar a los estudiantes para el mundo real, les inculca las ideologías más estúpidas y valores morales corruptos.

No es de extrañar, pues, que exista un descontento generalizado con los dos partidos políticos predominantes (casi la mitad del país no se identifica con ninguno). Esto es lo que sucede cuando la agenda nacional se rige por el mínimo común denominador en lugar de estar impulsada por un verdadero líder. La verdad y la moralidad siempre se ven perjudicadas en estas situaciones, porque la agenda nacional responde a la demanda popular y no a la pregunta: “¿Qué es lo correcto? ¿Qué creará el mejor futuro para nuestro pueblo?”.

Lamentablemente, ésta es la esencia de nuestra situación actual. La intransigencia política oculta la realidad de nuestra difícil situación porque nadie se atreve a decir la verdad. Ya sea desmintiendo la veracidad de las afirmaciones más ridículas, condenando los actos violentos cometidos en nombre de una religión o movimientos ideológicos, o denunciando al sector de la sociedad que continuamente culpa a otros de sus males sin asumir la responsabilidad real, la mayoría de los líderes actuales se niegan rotundamente a denunciar las mentiras que se esconden en los discursos de sus electores. No adoptarán una postura impopular por temor a perder su liderazgo y su poder.

La Torá nos enseña cómo cambiar eso. Si seguimos el mandamiento, seremos verdaderos líderes: tendremos una brújula moral sólida y una visión sana para nosotros mismos y para el mundo. Este es el camino para ser líderes y no seguidores; descartamos lo superfluo, no seguimos a la multitud, vivimos vidas llenas de buenas obras y nos convertimos en ejemplos a seguir para el mundo.

Porción semanal de la Torá

¿Quién es tuyo?, Debarim 26:1 – 29:8

La porción de esta semana incluye: la ofrenda al Templo de las primicias de las siete especies propias de la Tierra de Israel, la declaración de los diezmos, la designación del pueblo judío por parte del Todopoderoso como su pueblo predilecto (Debarim 26:16-19), el mandato de colocar en el río Jordán y luego en el monte Eival grandes piedras con la Torá escrita en setenta idiomas, el mandato de ratificar públicamente la aceptación de la ley en el monte Guerizim y el monte Eival. La Torá luego expone las bendiciones por seguir la ley y las maldiciones por no seguirla, y concluye con el discurso final de Moisés. El versículo 28:46 nos dice la importancia de servir al Todopoderoso con “alegría y buen corazón”. El último versículo de la porción nos instruye: “Cumpliréis las palabras de este pacto y las haréis de tal manera que tendréis éxito en todo lo que hagáis”.

Encendido de las velas de Shabat
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Jerusalem 6:32
Miami 7:25 – Ciudad del Cabo 6:07 – Guatemala 5:58
Hong Kong 6:27 – Honolulu 6:32 – Johannesburgo 5:35
Los Ángeles 7:05 – Londres 7:40 – Melbourne 5:37
México 6:36 – Moscú 7:16 – Nueva York 7:16
Singapur 6:52 – Toronto 7:41

Cita de la semana

Es terrible mirar hacia atrás cuando intentas liderar y no encontrar a nadie.
— Franklin D. Roosevelt

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