Sivan Rahav Meir
Luisa Orel, de Pétaj Tikva, me escribió esta semana, luego de regresar del Kótel – del Muro Occidental.
Todo comenzó con una duda: cómo celebrar el Bat Mitzvá- la ceremonia de mayoría de edad religiosa- de su hija Alma.
“Alma tiene 12 años, y esto despierta en mí tantos recuerdos: yo también tenía 12 años. Una entrenadora de gimnasia artística en Rusia me expulsó del equipo nacional y me gritó: ‘¡judía apestosa!’.
Así fue, en realidad, como descubrí que soy judía, porque hasta entonces, en mi familia nunca habíamos celebrado ninguna festividad. No sabía qué era el kashrut y jamás había entrado en una sinagoga.
Los domingos eran el día libre de la escuela, y mi mejor amiga, que no era judía, me llevaba a la iglesia. Siempre sentía allí una profunda sensación de estar fuera de lugar y de incomodidad. No entendía por qué. Entonces, en mi imaginación, comencé a tejer un sueño: llegar a casa, llegar a la Tierra de Israel.
Decidí falsificar una carta para mis padres, como si las autoridades nos estuvieran amenazando, para apresurar nuestra salida y nuestra aliá, nuestra emigración.
Al mismo tiempo, inicié una huelga silenciosa. Dejé de ir a la escuela. Anuncié que mi único sueño era llegar a una tierra que manaba leche y miel.
Y entonces sucedió. Llegamos a la Tierra de Israel. Sol, playa, gente sonriente… La vida parecía haber pasado de ser en blanco y negro a convertirse en una vida llena de colores. Me sentía como dentro de una postal del paraíso.
Después de unos días, cuando todavía no sabía hebreo, mi prima me invitó a la sinagoga. Pensé que no entendería absolutamente nada, pero aun así decidí acompañarla. Entré, me senté allí con todas las mujeres y, de repente, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos.
Así como en Rusia no sabía explicar por qué no me sentía en casa, aquí tampoco sabía explicar por qué mi alma, por fin, sentía que había llegado al lugar correcto, al lugar exacto: a casa”.
Pasaron los años. Alma nació y creció, y Luisa comenzó a pensar qué hacer para celebrar su Bat Mitzvá. Entonces me contó que había visto mi clase semanal en la televisión, donde mostré un video de sobrevivientes del Holocausto, ya mayores, que celebraban su Bar Mitzvá en el Muro Occidental.
“Los vi y, de repente, pensé en nosotros. Nosotros también somos sobrevivientes: sobrevivientes del comunismo. Nosotros también tuvimos que ocultar el hecho de que éramos judíos. Nunca celebramos las festividades judías y, por supuesto, tampoco tuvimos una ceremonia de lectura de la Torá al llegar a la edad de Bar Mitzvá.
Por eso decidí cerrar el círculo. Fuimos al Kótel – Muro Occidental para celebrar un Bat Mitzvá y un Bar Mitzvá muy especiales: mis padres, ambos de 76 años, y yo. Ninguno de los tres lo habíamos celebrado jamás. Y con nosotros, mi hija Alma”.
Los cuatro recibieron un certificado oficial del Kótel por haber “llegado a la edad de las mitzvot”.
“La palabra ‘emocionante’ no es suficiente para describirlo. ¡Mazal tov para nosotros, una dinastía invencible! Y ahora, mientras escribo esto, me doy cuenta de que todo ocurrió durante el mes de Elul, el mes de la reparación y el retorno”.
¡Mazal tov, Yosef, Ela, Luisa y Alma!
Hay versículos que describen la reunión de los exiliados, del regreso de los judíos de la diáspora, el retorno incluso del judío más distante. Y aquí podemos verlo con nuestros propios ojos.
















