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La persona de la foto

La persona de la foto

Rabino Dani Staum

Una mañana de la semana pasada, un fotógrafo llegó a la yeshivá para tomar fotos del inicio del nuevo z’man. Como era de esperar, en cuanto entró al aula, todos los chicos lo miraron. Les indicó con un gesto que siguieran estudiando y actuaran como si él no estuviera allí.

La verdad es que, si bien el aprendizaje en nuestra clase ha sido excelente, Baruj Hashem, no puedo decir que todos los alumnos permanezcan sentados erguidos y con atención perfecta en todo momento. Pero mientras el fotógrafo tomaba fotos, todos los alumnos estaban sentados correctamente, inclinados sobre su Guemará, con el dedo en la página, siguiendo la lectura con gran atención.

Lo mismo ocurre cuando un fotógrafo viene a tomar fotos durante la oración. De repente, todos parecen estar orando con intensa concentración, completamente absortos en cada palabra que se dice.

Después, me puse a pensar: ¿Es todo una farsa? ¿Es sólo una fachada para las cámaras? No lo creo. La verdad es que todos tenemos una imagen mental de lo que nos gustaría ser. Todos aspiramos a alcanzar ciertos niveles de éxito, basados ​​en nuestros valores y metas. El problema es que, en el día a día, nos invade la pereza y no estamos a la altura de nuestra propia imagen mental ideal. Quizás la mayor justificación que nos ofrecemos es que, si me permito un poco de tiempo libre ahora, no afectará mi objetivo final. Al fin y al cabo, ¿acaso importa si no estoy en mi mejor momento un martes cualquiera de noviembre?

El problema es que parece que recurrimos a la misma justificación día tras día, mes tras mes, año tras año. El resultado es que la imagen idealizada que tenemos de nosotros mismos se vuelve cada vez más difícil de alcanzar.

Una fotografía captura un instante y lo congela. Cuando el fotógrafo toma una foto, actuamos como realmente queremos ser vistos, de modo que esa imagen queda congelada en el tiempo. Puede que no sea quien somos, pero generalmente es quien queremos ser, o al menos cómo queremos ser percibidos. Actuamos de cierta manera frente a la cámara porque es quien realmente queremos ser. El reto consiste en convertirnos en la persona que representamos en la fotografía.

Desde Rosh Hashaná hasta Yom Kipur, nos esforzamos por mantenernos en plena forma espiritual. En cierto modo, el fotógrafo celestial nos toma una instantánea, en base a la cual los tribunales celestiales decidirán nuestro futuro.

A veces, podemos sentir que nuestro comportamiento ejemplar durante estos días es sólo una farsa, pues de todos modos no podemos engañar a Di’s. Sin embargo, ese comportamiento ejemplar puede animarnos a darnos cuenta de quiénes anhelamos ser en realidad. De verdad queremos vivir una vida más plena y significativa, y de verdad queremos ser la persona que aparece en la imagen celestial tomada durante estos días.

Nuestro reto, entonces, es recordar constantemente que la única manera de convertirnos en la persona de la foto es aprovechando cada día y esforzándonos al máximo. Cada martes cualquiera de noviembre cuenta en el camino para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.

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