Las conversaciones posteriores a las elecciones ponen el foco en los partidos religiosos. La posición atribuida a Arye Deri exige la presencia del Likud, mientras se exploran otras posibilidades en UTJ.
La formación del próximo gobierno israelí abrió una diferencia entre los dos principales partidos haredíes. A partir de fuentes religiosas vinculadas con las negociaciones, que Arye Deri descarta incorporar a Shas a un gobierno del bloque opositor sin el Likud. En cambio, Judaísmo Unido de la Torá, conocido por sus siglas UTJ, aparece como un posible interlocutor para conversaciones con la oposición. No se anunció una coalición acordada. El rabino Dov Landau habría hecho un llamado a los representantes de Déguel HaTorá a considerar esa vía y a priorizar la situación de los estudiantes de yeshivá. El contraste no permite tratar al conjunto del público religioso como un actor único. Las líneas rojas de Shas y las gestiones que se atribuyen a UTJ siguen siendo posiciones diferentes, dentro de un escenario que permanece abierto.
El debate tiene antecedentes inmediatos. En una información del 28 de octubre, el Jerusalem Post recogía expresiones de apertura a una eventual cooperación con Gadi Eisenkot, condicionada a una ley de reclutamiento considerada razonable por las fuentes citadas. También recordaba la resistencia previa de Eisenkot a sumar partidos haredíes. Esas declaraciones ayudan a entender por qué la negociación no se reduce al reparto de ministerios: incluye desacuerdos sobre obligaciones militares y continuidad del estudio religioso.
El problema de fondo es construir apoyo parlamentario suficiente y un programa que pueda sostenerse. Sumar bancas en una planilla no resuelve las diferencias entre aliados potenciales. Tampoco una reunión exploratoria equivale a aceptar todas las condiciones del interlocutor. Para seguir esta etapa conviene observar qué compromisos se hacen públicos, quién los respalda y si existe una fórmula compartida para los asuntos que ya trabaron entendimientos.
El reclutamiento ocupa un lugar especialmente sensible porque reúne necesidades de seguridad, responsabilidades ciudadanas y convicciones religiosas. Una salida políticamente viable necesita traducir esas posiciones en disposiciones concretas. El reconocimiento de su complejidad permite informar el debate sin descalificar a quienes sirven en las fuerzas armadas ni a quienes consideran central la preservación de las yeshivot.
Para Israel, formar un gobierno capaz de actuar y de mantener acuerdos internos será tan importante como definir quién lo encabeza. Las diferencias entre Shas y UTJ muestran que todavía existe negociación real. El próximo paso verificable será un entendimiento anunciado por sus participantes, con condiciones identificables; hasta entonces, se trata sólo de versiones.
















