Sivan Rahav Meir
A veces, justo después de haber hecho cosas buenas, sufrimos una caída, nos asaltan sentimientos de culpa y nos sentimos mal: ¿Quizás lo que hice no fue suficiente? ¿Quizás podría haber hecho más? ¿Quizás lo que he hecho ni siquiera cuenta?
En mi opinión, lo siguiente, escrito por la maestra Jacqueline Jatab de Ashkelon, puede cambiar nuestra conciencia:
La Parashá “Ki Titzé”, que leímos el Shabat pasado, contiene la mayor cantidad de mitzvot, la mayor cantidad de mandamientos de toda la Torá. 74 mitzvot diversas, que abarcan todos los ámbitos de la vida. Y al final de la Parashá, aparece el siguiente mandamiento: “Recuerda lo que te hizo Amalek en el camino, cuando saliste de Egipto”.
Nuestros comentaristas explican: Amalek representa la inclinación al mal, que es la duda, la debilidad y la falta de fe. Y aquí, estas dudas te atacan precisamente después de haber cumplido muchas mitzvot, muchas cosas buenas en el mundo. Precisamente entonces, esta duda surge y despierta en nosotros sentimientos de culpa y amargura, como si todo lo que hicimos no valiera la pena. Éstas son voces que nos debilitan, lo que a menudo nos hará dejar de intentarlo una y otra vez.
Esto aplica a todos los ámbitos de la vida: como padres que invierten en sus hijos, como empleados que se esfuerzan por trabajar bien, y también en las relaciones, el voluntariado y, sin duda, en el mes de Elul, en el cual tratamos de corregir y mejorar las acciones.
Por lo tanto, después de tantas mitzvot, la Parashá nos recuerda: Si has hecho algo bueno, aunque sea parcial e imperfecto, ¡elimina a Amalek! No permitas que la fuerza de la duda y el desánimo entre en tu conciencia y te achique. Tu trabajo es bendecido.
Que tengas buena suerte.
















