Rabino Berel Wein
Aunque en Yom Kipur nuestras oraciones y pensamientos se dirigen hacia el cielo, el verdadero Yom Kipur debe tener lugar dentro de nosotros. Es mucho más fácil confesar los propios pecados y faltas a un Di’s invisible que confesárselos verdaderamente a uno mismo. La Torá nos enseña que el Sumo Sacerdote de Israel entraba al santuario sagrado, el santuario interior, del Templo en Yom Kipur. El Talmud llamó a esa entrada del Kohen Gadol, el Sumo Sacerdote, entrar “Lifnai u’lfanim”. Esta frase significaba entrar en lo profundo. Los rabinos del Talmud no sólo se referían a la entrada física a la cámara del Santo de los Santos en el Templo de Jerusalem, sino que se referían indirectamente a entrar en nuestras propias cámaras más internas de corazón, mente y alma. A todos se nos pide en Yom Kipur entrar “Lifnai u’lfanim”. Porque sin un verdadero autoexamen y compromiso con la superación personal, Yom Kipur puede, Di’s no lo quiera, ser un ejercicio inútil, o incluso una farsa sin sentido. Eso es lo que nos advierte el profeta Isaías en su gran Haftará, que leemos en la mañana de Yom Kipur: “¿Es éste el día de ayuno que te pido? ¿Que inclines tu cabeza hacia mí como una caña o que te golpees el pecho con el puño?”. Toda esa contrición pública carece de sentido si no va acompañada de una sincera convicción de superación personal y de un mejor comportamiento hacia Di’s y el ser humano, coherente con dichas convicciones y autoanálisis.
Yom Kipur nos permite una profunda introspección. Es un día de abstinencia de comida, bebida y otras actividades físicas. Es un escape del estrés y las presiones de la vida cotidiana, con sus problemas y frustraciones. Siempre nos preocupamos por los demás: la familia, los amigos, Israel, el mundo, la economía, etc. Yom Kipur nos da la oportunidad de preocuparnos por nosotros mismos, no de forma egoísta, sino de forma significativa y positiva. Es el único día del año en el que podemos profundizar en nosotros mismos y encontrar sentido y propósito a nuestra existencia. No es fácil. Puede que no se logre en un solo día, incluso si ese día es el sagrado Yom Kipur. Pero Yom Kipur, al menos, nos muestra la necesidad de intentar llegar a lo más profundo de nosotros mismos para que nuestras vidas sean más significativas y serenas. El profeta Isaías describe a las personas malvadas como zarandeadas por un mar embravecido de deseos y frustraciones. HaShem desea que naveguemos en aguas tranquilas de serenidad, fe, compromiso y conducta santa. El día de Yom Kipur puede marcar el inicio de ese viaje de tranquilidad y propósito Divino. No debemos desperdiciarlo sólo en actos externos de piedad y contrición. Debe ayudarnos a llegar a lo más profundo de nosotros mismos para tocar y pulir nuestras almas y ser el día de arrepentimiento y renovación que Di’s dispuso.
















