Sivan Rahav Meir
Ayer, en el chat, me sorprendió una pregunta. Unas 4.000 mujeres se habían inscrito en la clase de la comunidad Mitjadshot sobre la porción semanal de la Torá, Parashat Bereshit (Génesis). Al comienzo del encuentro por Zoom, dije que quería dedicar la clase a la pronta recuperación de los estudiantes que habían resultado heridos a causa de una explosión, que había ocurrido unas horas antes en el norte, cuando estaban en una excursión.
Entonces, una mujer escribió en el chat: “Es la primera vez que participo en una clase de Torá. ¿Qué significa dedicar algo? Nunca había escuchado una idea así”.
¡Qué pregunta tan maravillosa!
Expliqué que cada buena acción que realizamos en el mundo genera “méritos”, genera una fuerza espiritual. El estudio de la Torá y la oración tienen una fuerza espiritual especial. Cuando una persona realiza una buena acción de este tipo, puede dedicar los méritos de su estudio a un propósito específico. Como, por ejemplo, a la recuperación de alguien que resultó herido hace apenas unas horas.
En el pueblo de Israel existe la responsabilidad mutua, un principio según el cual todos influimos unos en otros a través de nuestras buenas acciones y el cumplimiento de nuestros preceptos religiosos; o, lamentablemente, también en sentido contrario, cuando hacemos cosas que no son buenas.
Todos formamos parte de un mismo grupo humano, y cada acción tiene un efecto.
Entonces, justo al terminar la clase por Zoom, como si fuera una continuación directa de lo que acabábamos de hablar, recibí un texto escrito por Jani Leiter, la madre de Neriah, quien, hace unas semanas, resultó gravemente herido en un atentado:
“En la unidad de cuidados intensivos del Hospital Shaare Zedek, donde nos encontramos, hemos recibido mensajes y videos de todos los rincones del mundo, de tantas oraciones, estudio de Torá, actos de bondad dedicados para la recuperación de nuestro Neriah. ¡Si tan solo pudiera describirles cuánto nos fortalece todo esto!
Vemos cómo el sentido de solidaridad y responsabilidad mutua de todo el pueblo de Israel son mucho más grandes y elevadas que nuestra situación particular. Es el alma judía oculta, que ahora está saliendo a la luz.
Nuestro hijo se llama Neriah —Ner-Yah, “la vela de Di’s”— porque queríamos que iluminara el mundo con la luz del Señor.
Los caminos de Di’s son inescrutables, pero nuestros ojos pueden ver cómo Neriah está cumpliendo esta misión ahora mismo. Todo esto nos envuelve de amor y nos da fuerzas”.
¡Wow! La pregunta de una mujer y la respuesta de una madre nos recuerdan algo fundamental: ninguna persona está sola, y ninguna buena acción beneficia únicamente a quien la realiza.
¡Una pronta y completa recuperación para Neriah Dov ben Jana y para todos los heridos!
















