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El judío de Rosh Jodesh

El judío de Rosh Jodesh

Rabino Dr. Kenneth Brander

Crédito de la foto: ChatGPT

A primera vista, la haftará de la víspera de Rosh Jódesh que leímos este Shabat parece tener poco que decirnos sobre el día en sí. Su elección como lectura para el día anterior al comienzo del nuevo mes parece derivar de la frase majar jódesh, “Mañana es Rosh Jodesh”, que Yehonatán le dice a David en el primer versículo (Samuel I 20:18). Pero bajo este detalle se esconde una historia de familia, amistad y dinámicas nacionales.

Rosh Jodesh, que marca el inicio del mes judío, es un tiempo de renovación, reflexión y conexión espiritual. Quizás su aparición en esta historia pueda arrojar luz sobre cómo debemos reflexionar acerca del comienzo de un nuevo mes.

En la historia, el rey Saúl espera en su palacio la llegada de sus allegados. David, intentando evitar a Shaúl, no llega, y un preocupado Yehonatán le advierte que Shaúl notará su ausencia. Sin embargo, David permanece ausente, lo que enfurece a Saúl no sólo con él, sino también con su propio hijo, Yehonatán, a quien (con razón) teme que haya elegido la lealtad a David por encima de la lealtad a su padre. Este dramático episodio, en el que Shaúl comienza a perder el control de su propia casa y Yehonatán se alía con David, se desarrolla en el contexto de Rosh Jodesh, el día que simboliza la renovación y la posibilidad de cambio.

Aunque Rosh Jodesh no se celebra con gran pompa ni solemnidad, marca el ritmo de todas las demás festividades de nuestro calendario y, por lo tanto, posibilita nuestra rutina espiritual y ritual anual. También refleja la autoridad que Di’s nos ha conferido para supervisar el calendario, para moldear nuestra percepción del tiempo y, a su vez, nuestras comunidades. La santificación del mes se produce a través del diálogo y la interacción entre desconocidos: dos personas se presentan ante un tribunal de tres jueces para informar que han visto la luna creciente. La santidad en el judaísmo nunca surge de la nada, sino a través de la capacidad de diálogo y conexión.

La negativa de Shaúl a relacionarse con David y su incapacidad para comunicarse con él contribuyen directamente a su caída, mientras que la amistad y el compromiso de Yehonatan con David, incluso ante el riesgo político, permiten que el nuevo rey ascienda al poder, trayendo consigo, por un tiempo, la unidad entre el pueblo judío y la familia a través de la cual el Mesías será introducido al mundo. Esta historia de hermandad se enmarca en el contexto de Rosh Jodesh. Porque eso es precisamente lo que exige este día: que dediquemos tiempo a forjar relaciones significativas que puedan transformar el mundo que nos rodea. Podría decirse que Yehonatán, a pesar de su limitado desarrollo de personaje en el Tanaj, emerge como la fuerza que hace posible esta transición, el paradigma del “judío de Rosh Jodesh”.

Hoy, como pueblo, nos enfrentamos a desafíos existenciales sin precedentes, y también nosotros debemos esforzarnos por ser judíos ejemplares. Al comenzar el mes de Siván, mes en el que celebramos la recepción de la Torá, debemos aprovechar este momento para reconectarnos unos con otros. El Midrash (Mejilta, citado por Rashi en Éxodo 19:2) nos dice que cuando el pueblo judío se encontraba en el Sinaí, eran “como un solo hombre, con un solo corazón”. Para recuperar ese momento, podemos emular el respeto de Yehonatán por los demás y su disposición a dejar de lado su propio ego en nombre del amor fraternal. La Torá fue entregada cuando el pueblo judío estaba dispuesto a permanecer unido, incluso con sus diferencias.

Rosh Jodesh se trata de fomentar la conexión y el diálogo. Una forma de lograrlo es acercándonos a judíos diferentes a nosotros, superando las barreras que nos dividen. Incluso los desconocidos deben encontrar puntos en común en experiencias compartidas, al igual que los testigos de la luna nueva, quienes tuvieron el privilegio de informar sobre la luz que observaron a otro grupo de judíos, el Beit Din.

Al acercarnos a este y a cada nuevo mes, recordemos la lección de Rosh Jodesh: priorizar el diálogo y las relaciones significativas, incluso -y, sobre todo- cuando surgen dificultades. Sólo mediante la comprensión y la conexión podremos cumplir nuestro propósito común como pueblo y seguir mereciendo los abundantes dones que Di’s nos ha concedido.

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