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Tres mensajes que nos trae la primera vela de Janucá

Tres mensajes que nos trae la primera vela de Janucá

Sivan Rahav Meir 

10 de diciembre de 2020

Hoy en la noche encenderemos la primera vela de Janucá. Hay una frase jasídíca que dice: 

“Debemos escuchar aquello que nos relatan las velas”. Acostumbramos a quedarnos frente a las velas durante media hora reflexionando, sin celulares y sin interrupciones. Entonces ¿qué nos cuentan estas velas este año? 

Antes de todo, que no nos hemos olvidado. Cuando decimos “la vela de Janucá” nos referimos a un pequeño frasco de aceite el cual duró toda una semana. Pero el milagro de Janucá es también el hecho de que un 90% de los judíos en Eretz Israel -de acuerdo a una encuesta- encienden las velas de Janucá.  

Esto no es algo que debe tomarse por sentado. Habríamos podido olvidar, confundirnos, asimilarnos, pero miles de años después aún estamos aquí, cantamos sobre la misma pequeña familia de Hasmoneos de Modiin que venció al gran imperio. 

Janucá es una festividad que nos recuerda el desafío principal de aquellos años y de nuestros tiempos: el de cuidar nuestros valores y nuestra identidad única en un mundo tan globalizado y seductor. 

Cada vela que será encendida hoy en la noche, en Israel y en el mundo es una pequeña victoria frente a este desafío. 

He aquí la segunda cosa que nos traen las velas: Ellas iluminan la casa. Nos llevan a mirar nuestro hogar con nuevos ojos. Luego de un año entero en casa llega una fiesta más que nos mantiene en casa. Pero Janucá no es una cuarentena más, es más bien una forma de recordarnos que no debemos emocionarnos de todas las luces que brillan afuera, no debemos solamente quejarnos de cómo hemos quedado atrapados así, sino más bien debemos encontrar la luz brillante en medio de las cuatro paredes de nuestro hogar.    

Otros pueblos festejan en las calles e iluminan las plazas, la historia judía pasa de generación en generación por medio de una pequeña y simple vela, la cual padres e hijos encienden cerca de la ventana. 

La vela nos enseña por muchos años que no siempre debemos salir afuera para “disfrutar la vida en grande”. La vida verdadera se encuentra adentro, en el hogar. 

Y para terminar una palabra sobre Mesirut Néfesh (devoción-entrega). Estas dos palabras las cuales mencionamos en Janucá siempre me han parecido antiguas, no conectadas a nosotros sino a generaciones previas que fueron obligados a sacrificarse heroicamente.  

Pero no menospreciemos aquello que nosotros hacemos aquí juntos, frente a todas las limitaciones y a lo difícil que es la distancia. Esta es la prueba y el sacrificio de Janucá 2020.  

Cada uno puede mirar hacia atrás con orgullo y ver lo que ha hecho para preservar la vida, la salud y el sustento de otros: estudios por zoom, cuarentena, bodas chicas, familias que se sentaron Shiva casi sin la participación de aquellos que vinieran a consolarlos, servicios religiosos restringidos llevados a cabo en exteriores bajo la lluvia y el sol, y más y más.  

Nosotros encendemos una pequeña llama hoy en la noche la cual nos cuenta sobre el heroísmo de nuestros antepasados, pero este año nosotros también conocemos algo sobre lo que es la devoción hacia valores que son importantes. 

Feliz Janucá.

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